sábado 12 de septiembre de 2009

“Las Escrituras”

Ya iban ocho años exactos y seguía solo, encerrado, aislado, dando forma a sus textos más largos y ambiciosos. Paraba solo para comer y descansar unas horas, aunque no siempre respetaba esto. Era tal la presión que le causaba el plazo de entrega que le habían asignado que llegaba a trabajar más allá de dolencias físicas que surgieran o del cansancio mental que amenazara con bloquearlo.

Dos semanas faltaban para la fecha, y eran cada vez mas largas las sesiones de escritura a las que se sometía. Leía y releía, buscaba la perfección en cada frase, tenía claro que de eso dependía su vida. Diariamente le acercaban agua y comida, muchas veces esto venía acompañado de un mensaje de su captor, informándole el tiempo que le quedaba para finalizar su obra.

Las pautas que le dieron eran claras y debía respetarlas al pie de la letra, no se trataba de un texto mas, no había margen de error. Cada mañana venían a retirar lo escrito y al día siguiente se lo enviaban con las correcciones que se consideraban pertinentes. Al cabo de los años de cautiverio había escrito sesenta y cinco textos, los cuales no podía firmar con su nombre, solo con nombres ficticios.

Restaba el último texto que completaría su trabajo, para ese entonces su grado de deterioro mental era considerable. Finalmente, llegó el día de entrega, faltaba un título, pero su mente no podía mas, parecía que el plazo de entrega coincidía con el fin de sus fuerzas. Puso su mente en blanco y escribió lo primero que le vino a la mente; Apocalipsis.
Fin del texto. El poder divino estaba inventado, amén.

Por la mañana vinieron a retirar la conclusión del trabajo, las instrucciones eran precisas. Una hora más tarde fue ejecutado sin piedad.

- Federico Molina (Septiembre 2009)

sábado 20 de junio de 2009

"La Noticia"

Atendió el teléfono y recibió una noticia que definitivamente cambió su vida, por unos instantes todo fue silencio, incertidumbre, no podía reaccionar, suspiró profundamente, tomo fuerzas y con su voz temblorosa por el shock pidió detalles que escuchó con suma atención, finalmente se despidió y colgó el tubo. Miró su rostro en el espejo y llegó a desconocerse, era imposible disimular el terror que le causaba la noticia.

Salió a caminar sin rumbo, mientras una tormenta de pensamientos lo abrumaba sin piedad, se sentó en el banco de una plaza que no supo reconocer y rompió en llanto, desconsolado, con una angustia que nunca antes había sentido en sus treinta y cuatro años. Luego de unos instantes logró calmarse, secó sus ojos y se convenció a si mismo que debía tomar una decisión, inmediata y terminante, que lo liberara de todo ese malestar, y así lo hizo.
Luego de esto se levantó y caminó hasta la esquina, miró el cartel que indicaba el nombre de la calle y la numeración, paró un taxi y subió, le indicó una dirección que no era la suya y emprendió viaje. Dejó perdida su vista en el paisaje urbano que era pura desolación y luces tenues, mientras el clima invernal lo cubría todo, incluso a el, pero no le importaba absolutamente nada, su mente se había fijado en un único pensamiento y el iba directo a realizarlo cuando de pronto miró por la ventana y reconoció un rostro, era el de ella, la persona que había desencadenado todo, la responsable de su actual situación, inmediatamente reaccionó y con un grito pidió al conductor que detenga su marcha y lo espere, el auto se detuvo y el salió corriendo, la tomó del brazo por sorpresa y comenzó a gritarle, a pedirle explicaciones, detalles, ella no emitía palabra alguna, sostuvo su mirada mientras pudo pero finalmente se quebró y las lagrimas brotaron de su rostro, le pidió perdón por no habérselo dicho antes, pero necesitaba confirmar ella también la noticia, que pensaba decírselo pero que el miedo la había invadido. Se hizo un silencio, de esos que duran minutos e incomodan, el la miró fijo, soltó su brazo y salió corriendo nuevamente hasta el taxi que aun lo esperaba. Le dio al taxista una nueva dirección y emprendieron viaje, el conductor lo miraba con disimulo por el espejo retrovisor pero el estaba perdido mirando por la ventana, con gesto de furia y lagrimas en sus ojos.

Llegan a destino, saca unos billetes que sumaban mas que el importe del viaje, se los dio todos y se bajó. Caminó unos cuantos pasos y se detuvo en el lugar y miró desafiante a la luz que de lejos se acercaba, un sudor frió corría por su cuerpo, imágenes venían una y otra vez a su cabeza, se veían como una película mientras la luz se agrandaba y el sonido de la sirena anunciaba su llegada, y las imágenes de su vida pasaban con velocidad, la adrenalina estaba en su pico máximo, la luz lo encegueció por completo ,cerró sus ojos con fuerza y en ese momento el reloj despertador sonó, eran las siete de la mañana, hora de un nuevo día, empapado de sudor se levantó sin recordar el sueño.

- Federico Molina (Mayo 2009)